NO HUBO

 No te pusiste los zapatos antes de marcharte,

ni cogiste el abrigo aunque afuera

la nieve fuese un manto que cubría la ciudad.

 

 

No hubo ni un amanecer,

ni las miradas que esconden

un café caliente a la mañana siguiente.

 

No dejaste parte de tu ADN en las sábanas,

ni hubo tiempo de espantar juntos

vuestros respectivos miedos.

 

No hubo un después,

ni un nos llamaremos,

ni un beso de nos vemos.

 

No hubo nada de eso,

porque hace años atrás,

cuando el mundo

no dolía tanto

y la esperanza era una oportunidad,

en aquel andén del metro,

antes de que llegase el vagón

que os llevase a destinos diferentes,

se cruzaron miradas, sonrisas,

futuros posibles por compartir,

pero ninguno de los dos

se atrevió a decir nada.

CADENCIA

 La cadencia de tus pensamientos

te apremía,

te absorbe,

te desvincula de la realidad de otros.

 

Te sientes en una carrera contrarreloj:

decide ya,

no te lo pienses más,

haz lo que te hemos dicho.

 

Todos creen saber qué es mejor para ti;

todos son un haz esto,

todos son un haz lo otro;

todos presumen de tener la solución

para que no tropieces otra vez

con un nuevo error.

 

La cadencia de tus pensamientos

te asfixia,

te anula,

te ata a la realidad de otros.

 

¿Acaso alguien te ha preguntado

qué quieres realmente?

¿Acaso alguien se ha tomado el tiempo

de escucharte?

DIAGNÓSTICO

 Diagnóstico en la anestesia

todos callan y solo habla uno,

uno habla y solo uno escucha,

arriba, festín y risas:

la gravedad en el punto de la pirámide

 

Diagnóstico en las calles

ya no miramos a los ojos

ni a las hojas de papel,

Infinita individualidad,

cada cual pendiente de su smartphone,

cada cual lejos de su unicornio.

 

Diagnóstico estancado

la voz anulada en la calle,

la autoridad que pega

y siempre recibe autorización,

¿dónde queda el desahogo

cuando todo golpe es legal ?

 

Diagnóstico en el cruce

te vi y solo quise hablar

de a veces, de mañanas,

de lo que aún no existe,

sin conocerte,

te vi y solo quise hablar.

IMPOTENCIA

 Que no se instale en tus rarezas,

que no habite tu campo de visión,

que ya no seas su faro,

que no camine a tu lado

una noche cualquiera.

 

Tiene que hundirse en el olvido

para no romperse por dentro.

 

Que el hogar sea un altar sin nombres,

que no te encuentre detrás de los espejos,

que no quede rastro de tu perfume,

que el mapa de tu piel se vuelva inaccesible

y él se pierda en su propia desorientación.

 

Tiene que vivir en momentos imposibles

para que el pasado no le ahogue.

 

Que ya no ubique tus silencios,

que tus sonrisas sean un agujero negro,

que se disuelvan las preguntas y las respuestas,

que ya no pueda abrazarte en la noche

ni despertarte con un:

“buenos días princesa”.

 

Tiene que volverse onanista,

como quien intenta matar algo

dentro de sí.  

PERTURBADOR

 Sus ojos se cierran sobre los de ella:

ahí es donde cruzan, cogidos de la mano,

un bosque inundado de secuoyas,

sintiéndose seguros al ser los únicos en ese mundo.

 

Cuando los abre no puede verla,

ni la distinguiría entre el gentío:

en un supermercado,

en un restaurante,

en la cola, a la espera

de que el gran pez les devore.

 

Sus ojos se cierran sobre los de ella:

ahí donde levantan el mar

y se ocultan debajo

para ser arquitectos de su onirismo.

 

Cuando los abre no la ve

salir de la ducha, tan solo

cubierta por una toalla;

ni sentada enfrente de él,

mientras cena y, por la tele,

anuncian malas noticias.

 

Sus ojos se cierran sobre los de ella:

ahí donde crean una cúpula

para protegerse de la explosión

de un hongo gigante

que quiere aniquilarlo todo.

¿DÓNDE?

 ¿Dónde quedaron las notas

del guión que le alejaban

de ahogarse en sus propios miedos?

 

¿Dónde se encuentran los apuntes

de huida por si todo no salía

como lo tenía planeado?

 

Preso en sus propios muros

observa el latido del tiempo,

y lo que nunca deseó

se adueña de su interior.

 

¿Dónde encontrar el instante

exacto de la colisión

para revertirlo y volver

a empezar, esta vez sin ansiedad?

 

¿Dónde hayar el grito firme

que le recomponga

y le impida volver a romperse,

sentirse sombra de lo que quiso ser?

 

Preso de las cicatrices

que cubren su piel,

anhela sanar

y reconocerse de nuevo en el espejo.

QUE LÁSTIMA ME DA

 Que lástima me da

que la ira y la rabia

ocupen el escenario

en tantas ocasiones.

 

Que lástima me da

los que se creen dueños de la verdad

y se disfrazan de jueces

para dictar sentencias.

 

Que lástima me da

las posturas extremistas,

a quienes abrazan la venganza

como remedio a sus heridas.

 

Que lástima me da

los que no saben rectificar a tiempo

y arrasan sin mirar

todo lo que se cruza en su camino.

 

Que lástima me da

cuando la demagogia

se convierte en la literatura

de nuestro tiempo..

 

Que lástima me da

cuando se antepone

el odio al amor,

la violencia a la caricia. 

A LA ORILLA DEL MAR

 Pies desnudos en la orilla de un mar

que horas antes descansaban

en un taburete de la barra de un club de jazz,

donde los dejó deslizarse al ritmo de una trompeta

que llevaba una percusión a cuestas

y un ángel de la guarda que le miraba

desde un plano inclinado,

como hacía años que nadie le miraba.

 

Antes caminaron sin rumbo

por la noche de una ciudad que despertaba

a una vida diferente de la del día,

donde la eternidad quizá podía

aparecer en cada esquina,

o eso quería pensar él

a cambio de la marca de un mordisco,

ahí donde te sujetan a unas leyes

que ya no te dejan

volver a ver el sol.

 

Y acabaron en la orilla de un mar

cuando aquel ángel de la guarda

le robo un beso y le dijo:

“Si quieres vivir la vida, sígueme.

Déjame amarte en el mar

hasta que nos devuelva

todo lo que hemos perdido”.

UNA CAZUELA Y UN VASO DE VINO

 Migajas de pan en la cazuela,

empapadas por un chorro de agua marrón,

y un vaso de vino envenenado

por las ganas de acabar consigo mismo.

 

En la mesa donde reposan

la cazuela y el vaso a medias,

escrito con cuchillo y sangre

aparece un nombre

dentro de un corazón partido.

 

Papel pintado cubre la pared:

dibujos de un futuro quebrado

por los errores de un pasado

que nunca quiso escribir,

que no quiso ser presa

de esos quehaceres gratinados

con rechazos, adioses, despedidas,

y ahora la soledad no escogida

le revienta las entrañas.

 

Añora el vuelo de un pájaro

que imita con sombras chinas,

y se dice a sí mismo:

Debe de haber muchas otras formas de volar.

ENTONCES

 Las persianas están bajadas,

y donde anidaba una ilusión

se quedó todo a oscuras.

 

El sueño se evaporó,

la imagen idealizada se quebró.

 

Quiero volverte a ver como te veía

quiero volver a creer

que eres quien pensaba que eras.

 

Entonces, cómo lidiar con la decepción;

entonces, cómo sanar la herida

de sentir que era lastre,

de sentir tu obligación

de estar sin mostrar que querías estar.

 

Entonces, cómo entender

que fuiste el ego de mis espinas,

que fuiste el jaque de mi desilusión,

si quiero volverte a ver como te veía

si quiero volver a creer

que eres quien pensaba que eras.