EL MENSAJE

 Recibió un mensaje: “ Estoy en tu ciudad. ¿Dónde vives?”.

 

Tejiéndose así la sorpresa

rompiendo lo cotidiano,

encendiendo la llama de lo impredecible,

cada latido, un golpe de emoción.

 

Tan cerca de ese momento,

tan cerca de acariciar el deseo,

de conocerla en persona,

de que dialoguen, esta vez,

a través de la mirada.

 

De invitarla, por fin,

a una copa de vino,

sentados uno frente al otro,

del roce inevitable,

de esa primera caricia sin querer,

pero queriendo,

de sacarle una sonrisa,

y caer bajo su hechizo conciliador,

el camino hacia un lugar mejor.

 

De despertarse de la siesta,

abrir la tapa del móvil,

no encontrar ningún mensaje,

cerrar los ojos de nuevo

para habitar ese plano

donde recibió un mensaje:

“Estoy en tu ciudad. ¿Dónde vives?”

LA VENTANA

 Entre los autobuses

que cruzan una ciudad

y los trenes que unen ciudades

encontró una ventana que era

un portal de teletransportación.

 

La contrapartida: no podía materializarse,

solo podía ser el fantasma

que te arropaba en invierno,

que te preparaba el café por las mañanas,

que te besaba en los labios

y tú sentías cosquillas

que te hacían sonreír.

 

Era él, el que elegía la canción más apropiada

esos días de tristeza o exceso de soledad.

El que te daba calor, calma, paz interior,

efecto de su abrazo, y el que hacía que encontrases

tus flores favoritas vistiendo tu salón.

 

Aprendiste a no preguntarte por el cómo,

simplemente te dejabas llevar.

 

Fue a partir del día que te dijo “te quiero”,

aunque tú no pudieses oírlo,

cuando decidiste dar un paso adelante:

creer que los imposibles son posibles,

volver a confiar en la que encontrabas

detrás del espejo, por lo tanto en la humanidad.

 

Aprendiste a no preguntarte por el cómo,

simplemente te dejaste llevar.   

TRIÁNGULO

 El día empezó siendo equilátero:

espacio, tiempo y tú

como ángulos perfectos.

 

Sesenta calles hasta el destino,

sesenta minutos para el encuentro,

y ahí estarás tú.

 

Agujeros negros en la comunicación.

¿Qué te pasó?

¿Dónde estás?

 

Isósceles como nueva geografía:

el lugar sigue siendo el mismo,

las manecillas continúan con su emigración.

 

Pero tú no estás.

 

¿Tal vez fue porque pisó una hormiga

y puso el karma en su contra?

 

Escaleno fue su desenlace:

el lugar desapareció de Google Maps

la Vía Láctea cerró los ojos del reloj,

tú no contestabas.

 

Olvidaron como se olvidan

las cosas hermosas:

que no hay que depender

ni de geometrías,

ni de coordenadas,

ni de un orden circular perfecto.

 

Que tampoco

necesitan las matemáticas

para saber que ambos suman

ciento ochenta grados

sin necesidad de reglas pre establecidas.

 

HABÍA

 Había ventiladores escupiendo culpas

y ruido de hipocresías,

y muchos gestos que no reconoció,

que hubiese preferido no ver en ti.

 

Había platos por recoger

y portazos que se sentían

como cuchilladas por la espalda,

y una nota que decía...

 

Había argumentos diferentes

que no se hacían entender,

tirando ambos piedras

sobre su propio tejado.

 

Hubo un silencio

que produjo un apagón

en la ciudad, y solo se oía

el sollozo de un perro

que se sentía abandonado

y la melodía triste

de una nota que decía:

“Si no puedo ser fiel conmigo mismo,

¿qué pueden esperar los demás de mí?”.

    

INFINITUD

 Pixeles en la noche,

dejar que el quizás

nos lleve, nos guíe.

 

Pixeles en la sala,

descarga de movimiento:

el ritmo lleva la razón.

 

Salir a la pista

para que lo que fue y será

no sea robado por el olvido.

 

Dejarnos llevar,

y que nuestros cuerpos

sean las palabras, la perpetuidad.

 

¿Hablarán de ello en el telediario,

o la eternidad es solo refugio

de la fe cristiana?

 

Tengo ganas de tu sangre,

tienes ganas de mi sangre;

nunca más volveremos a ver el sol.

LA ILUSIÓN

 Descubrimos números escritos en los muros de las ciudades,

descorchamos botellas creyendo que habíamos

descifrado las dudas que hacían de soga.

 

En cuerpos infantiles nos fuimos a jugar a los parques;

en ese juego llamado escondite, esta vez eran los fantasmas

los que se ocultaban, llenos de miedo, para que no los

descubriesen y no ser asustados.

 

Regamos lo que creíamos perdido,

sembramos nuevas semillas

y, por un instante infinito,

nos sentimos nosotros mismos.

 

Florecieron brotes que invitaban

a un mundo mejor;

dejamos de ser esclavos de la gravedad,

nos dimos permiso para volver a ilusionarnos.

 

Pero fue todo un espejismo:

volvimos a caer en su trampa,

volvimos a beber de su veneno;

volvieron las dudas y, por lo tanto la soga.

 

Aquí nos tienen de nuevo,

rodando como cobayas dentro de su rueda,

creyendo que avanzamos como posible escapatoria

creyendo recordar lo que es sentirse libre

justo en el instante

en que nos falta el aire. 

VOLVER A SER YO

 Puedo echar de menos

caminar hacia atrás,

quitar del mapa

a los fantasmas del armario.

 

Puedo volver a ser yo,

borrar el ruido,

decir que no

sin pedir permiso.

 

Puedo dejar de escuchar

los enunciados y los slogans,

de aceptar la aprobación

de las reglas establecidas.

 

Puedo volver a ser yo,

borrar el ruido,

decir que no

sin pedir permiso.

 

Puedo interferir,

quitarles la careta

a los que se apropian

la historia y lo que está por venir.

 

Puedo volver a ser yo,

borrar el ruido,

decir que no

sin pedir permiso.

 

Puedo sentirme bien,

columpiándome en mi libertad,

sacando a bailar

al carpe diem

 

Puedo volver a ser yo,

borrar el ruido,

decir que no

sin pedir permiso.

 

LABERINTO


 

En la calle un puto ataud,

y gente gritando: “que arda”

en los balcones, en las esquinas,

en el agujero donde esconden

a dos ciervos.

 

La lluvia son lágrimas

y la risa son las notas

de hay un después

por los sueños no cumplidos

pendientes de coser.

 

Mírame a los ojos y miénteme,

pero hazlo bien, que me lo crea,

para que luego te seduzca

y me hagas sentirme bien.

 

El laberinto no tiene salida,

si la buscas, ese es tu problema,

el mío y el de muchos.

 

Mírame a los ojos y miénteme,

pero hazlo bien,

dime que no me quieres

aunque me quieras,

dime que no quieres estar conmigo

aunque quieras estar conmigo.

CIUDADES

 Tal vez pensabas en París,

o en perderos juntos

entre las avenidas interminables de Tokio.

 

O en descubrir a qué huele el cielo de Buenos Aires,

compartiendo un cigarrilo junto al Obelisco,

dibujando un diálogo al ritmo de Gardel.

 

Quizás imaginar el Adriático con aires balcánicos,

o refugiaros del frío

de lo que alguna vez fue Leningrado.

 

Te lo dijo en una cafetería pegada al Mediterráneo:

que cualquier ciudad puede encontrarse

removiendo una cucharilla sobre el café.

 

Y ahí, sin importar destinos, nombres o mapas,

la única geografía que empezó a importarte

fue la suya.

La única literatura que querías escuchar

era la que nacía de sus palabras.

 

Te dejaste vestir por lo que te decía.

Te dejaste seducir por la belleza

con la que te trataba.

Le dejaste que construyese castillos de arena

por la delicadeza que te mostraba.

 

Hasta que un día no apareció.

Se fue sin despedirse,

cansado, triste,

porque nunca le preguntaste:

“¿Cómo te sientes hoy?”.

SI QUIERES SABER DE MÍ

 Si quieres conocerme,

no negocio con el odio

ni tráfico con la mentira.

Prefiero siempre el camino

a cualquier posible final.

 

Si quieres entenderme,

habrá días en que salga

a la calle a defender

que a los niños del futuro

no los volvamos autómatas.

 

Si quieres saber de mí,

no más preguntes:

deja que tus ojos, tu sonrisa

y tus palabras recorran

con calma mi piel.

 

Si quieres caminar a mi lado,

tienes que saberlo:

confiaré en vos

si confías en mí

 

Si quieres conocerme algún día,

sabrás de mi torpeza

para encontrar el momento justo

de pedirte ese primer beso

y callar contigo

todos nuestos ruidos.