LA VENTANA

 Entre los autobuses

que cruzan una ciudad

y los trenes que unen ciudades

encontró una ventana que era

un portal de teletransportación.

 

La contrapartida: no podía materializarse,

solo podía ser el fantasma

que te arropaba en invierno,

que te preparaba el café por las mañanas,

que te besaba en los labios

y tú sentías cosquillas

que te hacían sonreír.

 

Era él, el que elegía la canción más apropiada

esos días de tristeza o exceso de soledad.

El que te daba calor, calma, paz interior,

efecto de su abrazo, y el que hacía que encontrases

tus flores favoritas vistiendo tu salón.

 

Aprendiste a no preguntarte por el cómo,

simplemente te dejabas llevar.

 

Fue a partir del día que te dijo “te quiero”,

aunque tú no pudieses oírlo,

cuando decidiste dar un paso adelante:

creer que los imposibles son posibles,

volver a confiar en la que encontrabas

detrás del espejo, por lo tanto en la humanidad.

 

Aprendiste a no preguntarte por el cómo,

simplemente te dejaste llevar.   

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