El día empezó siendo equilátero:
espacio, tiempo y tú
como ángulos perfectos.
Sesenta calles hasta el destino,
sesenta minutos para el encuentro,
y ahí estarás tú.
Agujeros negros en la comunicación.
¿Qué te pasó?
¿Dónde estás?
Isósceles como nueva geografía:
el lugar sigue siendo el mismo,
las manecillas continúan con su emigración.
Pero tú no estás.
¿Tal vez fue porque pisó una hormiga
y puso el karma en su contra?
Escaleno fue su desenlace:
el lugar desapareció de Google Maps
la Vía Láctea cerró los ojos del reloj,
tú no contestabas.
Olvidaron como se olvidan
las cosas hermosas:
que no hay que depender
ni de geometrías,
ni de coordenadas,
ni de un orden circular perfecto.
Que tampoco
necesitan las matemáticas
para saber que ambos suman
ciento ochenta grados
sin necesidad de reglas pre establecidas.
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