Había ventiladores escupiendo culpas
y ruido de hipocresías,
y muchos gestos que no reconoció,
que hubiese preferido no ver en ti.
Había platos por recoger
y portazos que se sentían
como cuchilladas por la espalda,
y una nota que decía...
Había argumentos diferentes
que no se hacían entender,
tirando ambos piedras
sobre su propio tejado.
Hubo un silencio
que produjo un apagón
en la ciudad, y solo se oía
el sollozo de un perro
que se sentía abandonado
y la melodía triste
de una nota que decía:
“Si no puedo ser fiel conmigo mismo,
¿qué pueden esperar los demás de mí?”.
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