Calla para no herir,
y le duele por callar.
¿Es preferible hacerse daño
uno mismo antes de hacérselo
a quien se ama?
Las palabras no dichas
son su cadena perpetua.
El dolor y sus soldados
le retienen contra un paredón,
pero las balas no le matan.
Si al menos sangrase,
si muriese, quizá el dolor
se iría para siempre.
Para siempre.
¿Sería el mundo un lugar mejor
si por amor dejásemos de hacer daño
a los demás, aunque no pudiésemos
evitar nuestro propio sufrimiento?
Busca desesperado el póster
de una actriz antigua de Hollywood
y el agujero que haya detrás,
la salida hacia su Zihuatanejo.
“Porque la esperanza es algo bueno,
quizás lo mejor de todo,
y las cosas buenas nunca mueren”
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