Ahora que se derrite el asfalto de las ciudades,
y que si algo no ha cambiado
es la violencia explícita de la policía,
las ganas de conocerte en persona,
las malas noticias en los telediarios,
la ineptitud de la clase política,
que nos tomemos una terrina de helado
en una terraza cerca del mar
y juntos hagamos desaparecer
nuestros odios,
nuestros miedos,
nuestras ansias de vengaza, por si las hay.
O tal vez sean esos pequeños detalles:
hacerte reír por primera vez
mirándote a los ojos,
rozarte la mano y que al instante
las injusticias, las maldades de este mundo
nos den una tregua infinita.
O cuando te levantes, te ausentes un momento
y te dirijas hacia el interior del local,
piense para mis adentros:
“si te giras y me sonríes es que te gusto”
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