EL BOSQUE

 Huyeron al bosque

buscando un escondite,

un refugio. Ella le acarició la mejilla

para paliar el miedo,

arrojar por un precipicio el pánico,

hundir en el río la desesperanza.

 

Vienen, y no vienen para irse.

Vienen para quedarse

con un lenguaje opresor,

con unos dogmas dispuestos a instaurar el horror.

 

Vienen, y el cielo se cubre

con sus pájaros de acero.

Cuando lo masacren todo

y no les quede nada por derruir,

¿destrozarán también la luna?

 

¿Qué será de ellos si la noche

la convierten en oscuridad eterna?

¿Qué será de ellos cuando descubran

que están atrapados, sin salida alguna?

 

Ya se oye a lo lejos el silbido

que acaba con todo: el estruendo,

el llanto y los lamentos

de quienes no pudieron huir.

 

Bailan para no llorar,

ríen para no chillar.

El bosque es consumido por el terror,

el odio está cerca, coloniza la atmósfera.

 

Ella se desnuda para él

y él no sabe qué hacer.

Ella se vuelve espectro

cuando el ruido de la muerte la atraviesa

y él no sabe qué hacer.

 

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