Entre que el despertador vuelve a traicionarte
y la repetición de los días que acaban en s
te deja extenuada, enlazas realidad con hastío.
Como los libros de autoayuda
o las religiones ancestrales
solo te crean confusión
y sigues sin encontrar el agujero
de la madriguera por donde colarte,
has decidido, mientras recuerdas
tus viejos pasos de ballet
alquilar un tiranosaurio rex por unos días.
Para cocinar tus propias leyes,
consumir tu propia democracia.
Mientras hay quien busca el beso de un sapo
que la transforme en princesa de cuento,
tú sabes que eso no es felicidad.
En todo caso son esos momentos
cuando fumas hierbas élficas
y las volutas de humo
que flotan a tu alrededor
dan forma a tus mundos felices.
Para aliñar tus principios,
alimentarte con tu propia democracia.
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