MIMO

 Decidió abandonar las palabras.

Como ave migratoria huyó

de lo que no era capaz de decir,

de lo que no fue capaz de soltar.

 

Cuando te conoció

supo que eras lo que estaba buscando,

supo que eras el cuerpo

donde quería dibujar su destino.

 

Y tenías esa forma de reírte

que era el viento

que quería para su rumbo

 

Y tenías esa forma de expresarte

que era todo lo que deseaba

para llenar los huecos de su corazón.

 

Hasta que un día despertó

y, por miedo a no ser correspondido,

desapareció sin dejar rastro.

 

Hasta que llegó el día en que volvió,

esta vez transformado en mimo

para que no lo reconocieras,

para volverte a ver,

para escucharte reír o llorar.

 

Y allí se quedó,

como un diente de león

que insiste en brotar

en un corazón que ya no lo reconoce.

No hay comentarios:

Publicar un comentario