Creía en los fuegos artificiales que entraban por la ventana
la noche en que ella dijo que sí.
En lo bien que le quedaba el vestido blanco,
y en que las cosas solo le salían bien
cuando estaba a su lado.
Creía en las mariposas que escapaban de sus ojos
cada vez que sonreía.
Y en aquel día en que Libre llegó a sus vidas,
temblando todavía del refugio,
sin saber que acababa de encontrar un hogar.
La carretera devora kilómetros.
Libre viaja con la cabeza asomada a la ventanilla,
persiguiendo olores que desaparecen con el viento.
- ¿Sabes en que se diferencia los humanos de las otras especies?
Libre levanta las orejas.
- Porque somos el único animal capaz de destruir
lo que tanto le costó construir.
Después le atrapa el silencio,
el recuerdo amargo del día que tuvieron
que despedirla para siempre.
- No sé adónde vamos, Libre; solo sé que nos echan.
No sé adónde nos llevará la carretera.
Solo espero que se nos cruce un cometa
y nos lleve al lugar donde se encuentre ella,
para estar los tres juntos de nuevo.
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