Cómo contamina el ruido de la soberbia,
el de la interrupción constante,
como un taladro perforando la cordura.
La inconsciencia hará sangrar este otoño.
Te levantas, pagas tus consumiciones,
te marchas por donde has venido,
y me dices:
- No me siento en una mesa con maleducados. ¿Te vienes?
Nos alejamos del ruido
que convierte la primavera en páramo
y nos ponemos a hablar de bifurcaciones.
Entonces me dices:
- Por la izquierda. No lo olvides.
Aunque, más veces
de las querríamos admitir,
decepcione,
desilusione,
arranque lágrimas,
nunca por la derecha.
Como posdata añadías:
Que el ruido de los dioses impostados
no te arrincone a ninguno de los extremos,
si no quieres jugar a la ruleta rusa contigo mismo.
Nuestro refugio acababa siendo una habitación
donde el amor nos hiciera,
porque era el único lugar que entendíamos
donde debía encontrarse el cielo.
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