Juegos nocturnos,
bromas que duelen
en lugar de hacer reír.
Actitudes tiránicas
que escupen a la cara
y hacen brotar lágrimas rojas
que, al romper el asfalto,
se expanden hasta Oriente Medio.
Bailes de ego,
y la esperanza:
un pajarito olvidado,
perdido, buscando refugio
en el regazo de una humana,
donde el tiempo y el espacio
vuelven a tener sentido.
Fran me lo dijo:
—Guardo un cuchillo
en la mesita de noche
para asesinar a mi ego
cuando me coloniza más de la cuenta.
Saludos y gracias
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