DEJAR DE ESTAR Y SER

 Dejaste de estar

porque dejaste de ser.

 

Te repugnaba

el reflejo del espejo

la sombra que te acompañaba

en tus gestos inseguros

en tus impulsos ebrios.

 

Dejaste de estar

cuando hiciste del silencio

tu respuesta a las llamadas

y de la huida tu nuevo destino.

 

Dejaste de ser

cuando al final ganaste

esa noche que buscabas una victoria

en el maldito juego de la ruleta rusa.

 

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