Y si el bien o el mal
solo habitan en nuestra cabeza,
quizás los actos sean expresiones,
a veces retorcidas,
de intentar equilibrar
esas llamadas que llegan
desde nuestra balanza interior.
¿Cómo aliviar el dolor, propio o ajeno,
si después del terremoto
el río se queda vacio de agua?
¿O cuando la duda y la confusión
se convierten en un arma cargada
dispuesta a apretar el gatillo?
Las voces de su interior le decían
que podía quedarse sentado,
llorando por cómo está el mundo,
o que podía aprender a quererte.
Solo solicitaba un destino:
despegar aviones con sus dedos
a través de tus piernas desnudas,
recorrer toda tu geografía
mientras el tiempo se acompasa
al ritmo de sus caricias
en un único punto,
hasta detenerse por completo,
y que la balanza encuentre, al fin,
el equilibrio entre vosotros dos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario