Cada hoja que ves caer
es una lágrima que derrama,
una espina de dolor
clavada en su alma.
No entiende que le des
alas para posarse
sobre tu hombro
y luego lo rechaces
por querer pasar más tiempo contigo.
Se le muda la piel
cuando lo tratas como uno más,
cuando le restas valor
a que esté siempre ahí
para guarecerte
de los golpes ajenos,
de quienes son injustos contigo
y no saben apreciarte como deberían.
Las calles de su ciudad
están llenas de hojas muertas
por cada vez que no tomas la iniciativa
sobre sus inquietudes,
sus preocupaciones,
sus castillos de arena,
las ganas que pone en ti.
¿Era - o es - tan difícil
mandarle un mensaje por sorpresa
preguntándole cómo está ?
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